¿Qué hacemos hoy...? ¡Seguimos con nuestra Historia de Amor.








Después de mí… ¡Nadie mas!




- ¡Cecilia, Cecilia…Corre a proteger a tu hermana…Vamos a llevárnosla para otra parte! ¡Levántate cuñadita, levántate!
¡Miguel…Susan…Adriana…Ayúdenme a sacar a mi esposa de acá!
¡Me la están escondiendo! ¡Corran, yo les pagaré lo que quieran, pero tráiganmela acá!
El personal masculino  lo rodearon, ya que estaba demasiado belicoso.
Lo sometieron y lo mantuvieron entre ellos.
- ¿…Y ahora, qué será de mí, sin ella?
¿Quién me aguantará, lo que ella me ha soportado?
¿Quién?
- ¡Román amigo, nuestra Gersy se nos ha ido!
- ¡No Alcides, no digas eso!
¡Ve tú y tráemela…Debe estar detrás de esas puertas!
¡Estos desgraciados, me la quieren robar!
¡Ayúdame amigo Alcides…!
¿No ves cómo me están sometiendo?
¡Ayúdame Miguelino, ayúdame tú!
- ¡Se nos fue!
- ¡No, me están reteniendo!
¡Corre Miguelino…Ayúdame, que yo más adelante te ayudaré!
- ¡Ya Gersy…Se fue para el cielo Romancito! – Le gritaba Adriana, llorando sin poderse contener.
- ¡No! ¡No! Ella no me va a abandonar nunca.
¡Yo la amo mucho…No me puede abandonar con este cuadro de muchachos!
- …Resignación amigo, resignación…
- ¡Nunca me digas que me resigne, nunca! ¡Gersy tiene que estar es conmigo!
¡Mi amor, te prometo, que a partir de hoy mismo, todo va a mejorar entre nosotros!
Yo me voy a portar bien.
¡Jamás te volveré a dejar sola!
Y si tú quieres, renunciaré a mi trabajo. Hablaré con mr. Smith y le pondré mi cargo a su orden. 
Pero no me dejes, no permitas que nos separen.
Siempre hemos sido un matrimonio, digno de imitar.
Además tú eres la mejor mujer, con la que yo me he atravesado.
¡Corre Miguelino, corre y tráemela ya!
Miguel lo miraba y sin poder contener sus propias lágrimas, intentó acercársele pero el personal, le hizo señas de que mejor se apartaba.
- ¡Amiga Gersy, mi colega del alma! 
¿Por qué te has ido?
¡Nos estás abandonando en este preciso momento!
- Calma gordis, calma…
- ¿Pero cómo me pides que me calme en este momento de angustia?
¿No ves que yo también la quería?
- ¡Todos la queríamos, todos!
Pero ya se fue. Déjala que descanse en paz. Quizás en donde esté, pueda descansar de tantos y tantos sufrimientos.
- ¿Y yo? ¿Quién se apiadará de mí? 
Todos ustedes son amigos de mi esposa, y cuando ella no esté…
Seguramente que me abandonarán.

¡Me dejarán solo!




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